lunes, 29 de marzo de 2010

¿TENER O SER?


TENER vs SER

¿Con cuál de estas dos opciones te identificas?

Cuando te identificas con el TENER, piensas en ti como un personaje que, independientemente de ser un tipo alto, bajo, pícnico o atlético, tu indumentaria no puede dejar de ser de una marca de la moda del momento, tanto si vistes de traje y corbata como si es informal, vas “conjuntado”. Todo adquiere importancia en ti. No puedes pasar desapercibido. Con un solo chasquido de tus dedos, se materializan tus deseos. Sigues al pie de la letra el dicho aquel de “ dinero llama a dinero”, y sabes que teniendo riquezas, todo el mundo te tendrá en cuenta y serás un personaje muy importante; cada vez más.

Puedes llegar a menospreciar a aquellos que no tengan tanto como tú, porque no han sabido utilizar sus recursos de la misma o mejor forma que tú, o no han sido capaces de rodearse de las personas adecuadas para conseguir amasar una fortuna como la tuya. Pero ante todo serás capaz de mirar por encima del hombro a aquel que sea evidentemente mucho más pobre, al cual serás igualmente capaz de darle una limosna que te hará sentir muy bueno y muy compasivo.

Atento amigo: ¡el ego te está jugando una mala pasada! Da igual cuántas obras de misericordia hagas. Da igual cuántas veces has ido a la India, a África o a cualquier otro lugar, a “ayudar” a las gentes que se mueren de hambre.

Cada vez que te olvides de identificarte con el SER, el ego te seguirá jugando malas pasadas. Cuando juzgues o critiques a alguien, el ego hará –y probablemente lo consiga- que te convenzas de que sólo era un comentario. Cuando “ayudes” a alguien sin que te lo haya pedido, el ego te estará convenciendo de que esa es la manera correcta de actuar. Cuando te compadezcas de otro y sufras con él, añadiéndole tu sufrimiento al suyo, el ego estará presente haciéndote ver lo “bueno” que eres.

Piensa por un momento qué pasa cuando te identificas con el SER.

Cuando te identificas con el SER todo se simplifica. Ni siquiera piensas en ti como personaje. No tiene importancia. Puedes pasar desapercibido. No necesitas ir de conjunto. No necesitas ir a la moda. Ni siquiera sería necesario que fueses vestido si no fuera por las normas de convivencia de la sociedad civilizada en la que vives. Puedes no tener más que comer que lo que te da la tierra, cultivada o sin cultivar. No tienes necesidades creadas artificialmente. Pero sobretodo eres una persona que se identifica con la esencia de SER. Y la esencia de SER es Divina. Allá donde vas irradias la energía de tu divinidad que es Amor del que no se ve obstaculizado por los ap-egos. Tu energía divina, la energía de tu SER Divino facilita tus relaciones con todos los SERes de la Creación. Porque Dios se encuentra en ti y en todo lugar.

Así de simple es SER

jueves, 25 de marzo de 2010

EL SUFRIMIENTO INNECESARIO

En el capítulo 15, tema VII de UN CURSO DE MILAGROS, se habla de las relaciones de amor especial, generadoras de sufrimiento innecesario. Puede resultarnos difícil de entender el funcionamiento de nuestro ego pero es necesario reflexionar sobre ello. UN CURSO DE MILAGROS lo hace en los términos siguientes:

1. Más allá de la débil atracción que la relación de amor especial ejerce, y empañada siempre por ella, se encuentra la poderosa atracción que el Padre ejerce sobre Su Hijo. Ningún otro amor puede satisfacerte porque no hay ningún otro amor. Ese es el único amor que se da plenamente y que es plenamente correspondido. Puesto que goza de plenitud, no pide nada. Puesto que es totalmente puro, todos los que se unen a él lo tienen todo. Esto no es así en ninguna relación que el ego entabla. Pues toda relación que el ego entabla es siempre especial.
2. El ego entabla relaciones con el solo propósito de obtener algo. Y mantiene al dador aferrado a él mediante la culpabilidad. Al ego le es imposible entablar ninguna relación sin ira, pues cree que la ira le gana amigos. No es eso lo que afirma, aunque ese es su propósito. Pues el ego cree realmente que puede obtener algo y conservarlo haciendo que otros se sientan culpables. Esta es la única atracción que ejerce, pero es una atracción tan débil que no podría subsistir si no fuese porque nadie se percata de ello. Pues el ego siempre parece atraer mediante el amor y no ejerce atracción alguna sobre aquellos que perciben que atrae mediante la culpabilidad.
3. La enfermiza atracción que ejerce la culpabilidad tiene que ser reconocida como lo que es. Pues al haberse convertido en algo real para ti, es esencial que la examines detenidamente, y que aprendas a abandonarla dejándote de interesar por ella. Nadie abandonaría lo que considera valioso. Pero la atracción de la culpabilidad es algo valioso para ti debido únicamente a que no has examinado lo que es y, por lo tanto, la has juzgado completamente a ciegas. A medida que la llevemos ante la luz, tu única pregunta será: “¿Cómo es posible que jamás la hubiese podido desear?” No tienes nada que perder si la examinas detenidamente, pues a una monstruosidad como esa no le corresponde esta en tu santa mente. Este anfitrión de Dios no puede estar realmente interesado en algo semejante.
4. Dijimos anteriormente que el propósito del ego es conservar e incrementar la culpabilidad, pero de forma tal que tú no te des cuenta de lo que ello te ocasionaría. Pues la doctrina fundamental del ego es que te escapas de aquello que les haces a otros. El ego no le desea el bien a nadie. No obstante, su supervivencia depende de que tú creas que estás exento de sus malas intenciones. Te dice, por lo tanto, que si accedes a ser su anfitrión, te permitirá proyectar su ira fuera y, de este modo, te protegerá. Y así, se embarca en una interminable e insatisfactoria cadena de relaciones especiales, forjadas con ira y dedicadas exclusivamente a fomentar tan sólo la creencia descabellada de que cuanta más ira descargues fuera de ti mismo, más a salvo te encontrarás.


9. El sufrimiento y el sacrificio son los regalos con los que el ego “bendice” toda unión. Y aquellos que se unen ante su altar aceptan el sufrimiento y el sacrificio como precio de su unión. En sus iracundas alianzas, nacidas del miedo a la soledad, aunque dedicadas a la perpetuación de la misma, cada cual busca aliviar su culpabilidad haciendo que el otro se sienta más culpable. Pues cada uno cree que eso mitiga su propia culpabilidad. El otro siempre parece estar atacándole e hiriéndole, tal vez con minucias, tal vez “inconscientemente”, mas nunca sin dejar de exigir sacrificio. La furia de los que se han unido en el altar del ego es mucho mayor de lo que te imaginas. Pues no te das cuenta de lo que el ego realmente quiere.
10. Cada vez que te enfadas, puedes estar seguro de que has entablado una relación especial que el ego ha “bendecido”, pues la ira es su bendición. La ira se manifiesta de muchas formas, pero no puede seguir engañando por mucho tiempo a los que se han dado cuenta de que el amor no produce culpabilidad en absoluto, y de lo que produce culpabilidad no puede ser amor, sino ira. La ira no es nada más que un intento de hacer que otro se sienta culpable, y este intento constituye la única base que el ego acepta para las relaciones especiales. La culpabilidad es la única necesidad del ego, y mientras te sigas identificando con él, la culpabilidad te seguirá atrayendo. Mas recuerda esto: estar con un cuerpo no es estar en comunicación. Y si crees que lo es, te sentirás culpable con respecto a la comunicación y tendrás miedo de oír al Espíritu Santo, al reconocer en Su Voz tu propia necesidad de comunicarte.
11. El Espíritu Santo no puede enseñar valiéndose del miedo. ….

miércoles, 24 de marzo de 2010

MOMENTO MÍSTICO

Hay muchas personas que tienen una conexión directa con sus guías y son capaces de canalizar mensajes a personas ya sea de forma individual o grupal. Yo no tengo esa capacidad, pero esta mañana, en plena meditación, recién acabado de activar mi Mer-ka-ba, y sintiéndome muy a gusto y muy contento conmigo mismo, me encontraba en un momento en que mi pensamiento ha sido de admiración, agradecimiento y alabanza al Padre Creador. Aún teniendo la intención de salir a dar una vuelta con la bici, por aquello de hacer un poco de ejercicio con las piernas, he cogido la grabadora y he grabado lo que sigue, con una voz que más que voz, parecía un susurro:


Cuando pienso en la inmensidad de la Creación me quedo atónito.
Cuando veo abrirse los pétalos de una flor, cuando los brotes de los árboles empiezan a crecer, preparándose para abrirse en pequeñas hojas, cuando los pajarillos salen de su huevo, cuando cantan alabanzas continuas a su Creador, me admiro, me maravillo.
Cuando miro al cielo y veo las estrellas en un movimiento continuo, cuando pienso en la expansión constante del Universo, cuando pienso en la expansión infinita de cada uno de los universos y superuniversos, cuando mi imaginación ya no llega a alcanzar todo eso, siempre me admiro de la inmensidad de la Inteligencia Divina.
Cuando pienso en los átomos y en las subpartículas, más pequeñitas, menores que los átomos, o cuando pienso en la energía o en las diferentes clases de energía, que nunca se destruye, que va variando y cambiando sus posibilidades o sus capacidades, realmente me quedo atónito, se me acaban las palabras y mi imaginación, prácticamente se bloquea.
Tal es la inmensidad de la Inteligencia Divina. Tal es la inmensidad de la Inteligencia del Creador.
Me deslumbra cualquier cosa, como a un niño para el cual todo es nuevo, todo es incomprensible, y aunque yo no comprenda absolutamente nada, de lo que ocurre a mi alrededor, sé que todo lo que ocurre es lo mejor para el bien de todos.
Aunque me parezca, bajo mi estrecha y diminuta perspectiva, que algo está mal, que algo no ocurre a gusto de las personas, cuando me sucede esto, es porque no soy capaz de comprender en su conjunto, en ese conjunto tan admirablemente grande, tan inmenso, que lo que está ocurriendo no es nada más que una pequeña mota que Dios se debe permitir, porque para ello puso en marcha unas leyes universales de funcionamiento; una ley de causalidad de causa y efecto, por la cual cualquier pequeño movimiento que uno haga tiene su repercusión más tarde o más temprano.
El día que podamos comprender estos asuntos, será cuando estemos en un grado tan alto de evolución espiritual que todo a partir de ese momento, sí que nos parecerá perfecto.
En este instante estoy convencido de que la Perfección de Dios también incluye las cosas que a nosotros no nos parecen perfectas. Desde nuestra perspectiva imperfecta no podemos ver ni comprender lo perfecto.
A nosotros nos repelen ciertas situaciones malas, ciertas situaciones de conflicto o acontecimientos que ocurren aquí, pero no podemos comprender ni por qué ni para qué ocurren; aún así yo sé que Dios en su maravillosa Creación ha tenido en cuenta todo y lo tiene en cuenta todo.
Y yo sé, en el fondo de mi corazón, que en su Amor Infinito, nunca permite que algo vaya mal, aunque también por su Amor Infinito hacia sus criaturas, a los seres humanos nos ha dado la posibilidad de elegir cuál es nuestra actitud en cada situación, y permite que hagamos cosas que después tienen unos efectos desagradables y hasta desastrosos, y nos lo permite porque nos quiere y nos ama ya que sobretodo Dios es Amor, además de ser infinitamente grande, infinitamente poderoso.
Infinito es algo que decimos, pero que no podemos llegar a comprender. No podemos comprender que algo o alguien no tenga principio en un momento determinado, aunque podemos comprender mejor, que no del todo bien, que algo no tenga final porque en nuestra mente puede imaginarse una espiral abierta, continua, que no tenga fin, pero no puede imaginarse que no tenga principio. Y como no podemos imaginar eso, tampoco podemos imaginar muchas otras cosas. Nuestra finitud, no puede imaginar la infinitud del principio.
Sin embargo Dios creó y nos creó a su imagen y semejanza; por eso somos creativos y por eso somos imaginativos; y creó unos seres maravillosos, con una maquinaria perfecta, que se pueden autodestruir o cuidar.
La autodestrucción es una ofensa directamente a Dios; sin embargo cuidarse es como alabar al Señor, al Señor maravilloso del Amor. Pero cuidarse en cuerpo y en alma de una manera proporcionada.
No se puede cuidar el cuerpo sin tener en cuenta que la Chispa Divina que es Espíritu, reside en nosotros. No se puede cuidar un edificio por fuera y que por dentro se quede vacío, que sólo se decoren las fachadas exteriores y que por dentro se deje sin arreglar. El interior es tan importante como el exterior, y cuando el interior está bien, se refleja en el exterior.
La Voluntad de Dios es que seamos felices y para ser feliz hace falta la Armonía, tanto por dentro como por fuera. La Voluntad de Dios es que todos los seres de la Creación, de este mundo y de todos los demás, todo vaya en Armonía, funcione en Armonía. A veces nos rebelamos y no nos da la gana, aceptar la Voluntad de Dios, aceptar la Armonía, y queremos romper los moldes; queremos rebelarnos y nos rebelamos, y aún así el Padre amoroso, infinitamente amoroso, Creador de todos y de todo, nos permite que nos demos cuenta del error, haciendo que cada uno de nosotros sienta cuándo realmente está cometiendo un error, o cuándo está haciendo las cosas según su Voluntad, que es una Voluntad amorosa que ha establecido unas normas de convivencia entre todos los seres de la Creación, en este planeta y en todos los planetas.
Aunque nosotros a veces nos creemos el centro de la creación y creemos que todo ha de ser según nuestro gusto, porque no comprendemos ni tenemos la visión amplia.
Nuestra pequeña visión no nos permite ser del todo perfectos. Es suficiente con que seamos buenos en el sentido de aceptar y rendirse y acatar la Voluntad del Padre, porque todo ocurre como debe ocurrir, tanto si nos parece agradable o bueno como desagradable o malo.

Todo es cuestión de perspectivas.

lunes, 22 de marzo de 2010

EL MARAVILLOSO PUZZLE DE LA CREACIÓN (1)

En el primer versículo del evangelio según San Juan, se lee: “En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.”
A partir de la palabra que en Dios está junto a Él, se produce la creación. Todo ello existe desde siempre, aunque la mente humana no puede de ninguna manera imaginar la infinitud del principio, ya que para nosotros todo sucede en procesos lineales que comienzan en un punto.
En ese principio inimaginable se establecen las leyes universales de forma que todo lo que ocurra sea perfecto según los planes establecidos, que siempre seguirán las leyes inmutables del Universo.
La Inteligencia Suprema decide que todos los seres son parte de ella misma y que en cada ser existe una chispa divina idéntica, que lo anima y que le da vida.
La diferencia entre la Divinidad y la materialidad está basada en la densificación de la energía divina, de forma que todo pueda ser percibido por nosotros en nuestra dimensión material, lo cual nos permite también tener experiencias divinas y humanas en esta dimensión.
Dios es esencialmente AMOR, y en su infinito amor decide desde siempre ser justo, amable y misericordioso. Las leyes universales son perfectas y Dios permite al hombre su cumplimiento o incumplimiento, con la única condición de asumir también el resultado de sus pensamientos, palabras y obras, de forma tal que esos resultados le ayuden a aprender de sus propios errores.
Desde el momento en que la Mónada Divina comienza su proceso de densificación, empieza también el recorrido hacia su origen. A partir de ese momento inimaginable, la frecuencia vibracional de esta infinitésima partícula divina va reduciendo progresivamente su vibración, hasta el momento de su máxima densificación, a partir del cual comienza su ascenso en el camino de retorno. Momento en el cual nos encontramos todos los seres que ya hemos traspasado la barrera del reino mineral.
Con el fin de que el hombre pueda tener muchas oportunidades de aprendizaje, Dios nos da la posibilidad de venir a encarnar una y otra vez pero, para evitar que nuestra libertad de elección se vea condicionada por nuestras acciones anteriores de otras vidas, se establece una especie de “velo” de manera que nos sintamos libres de poder equivocarnos de nuevo, si nos es preciso. Y por otro lado, el velo de maya, no nos permite ver nuestra realidad esencial, sino que sólo nos permite ver la realidad ficticia que percibimos desde nuestra perspectiva material.
Esta es la manera que tenemos para conseguir superar las pruebas, como quien aprueba las asignaturas pendientes antes de conseguir la titulación.

Todo forma parte de un puzzle perfecto.

domingo, 21 de marzo de 2010

EL KARMA

-¿Qué es el Karma? pregunta el alumno.

-Para que puedas comprenderlo te contaré una historia:

-Erase una vez un Alma que había vivido muchas vidas y se encontraba haciendo un repaso de todas ellas. Siguiendo las directrices de sus guías, fue a echar un vistazo al planeta Tierra donde quería volver con el fin de equilibrar lo que en otra ocasión había desequilibrado.

Al repasar las situaciones vividas anteriormente encontró muchos momentos en que, en su relación personal con algunos miembros de su familia, había cometido varios errores que repitió una y otra vez. Así pues, su mirada se fijó en personas de su familia que estaban viviendo en esos momentos en el planeta Tierra; vio como las circunstancias los habían unido de nuevo, aunque sus roles habían cambiado: el que fue padre ahora era madre o hijo y viceversa.

Nuestra Alma protagonista había sido hijo en varias ocasiones, y madre y padre en otras cuantas, de manera que ahora volvería como la hija mayor de una familia en que su madre actual había sido su padre anteriormente. Mientras revisaba esa vida anterior, recordó momentos en que chocaba con su padre e incluso le había tratado mal, hasta el punto de haberle abandonado, cuando su padre anciano y pobre, más la necesitaba

Llegó el momento de nacer y pensaba en su madre, que anteriormente fue el padre abandonado. Un sentimiento de Amor intenso le embargaba… decidió que ya era hora de volver a resolver sus asuntos pendientes y comenzó a estimular la producción de oxitocina en su madre… la madre estaba a punto de dar a luz a un bebé precioso… unos instantes después nacía una preciosa niña a la todos estuvieron de acuerdo en llamar Carmen.

Carmen creció mucho durante sus primeros meses de vida, sin recordar nada de aquello que había vivido poco antes de su nacimiento. En poco tiempo se convirtió en una niña vivaracha y juguetona, a veces un poco egoísta, sobre todo cuando se trataba de compartir sus juguetes con otros niños…

Durante la primera infancia de la pequeña Carmen, su madre se comportaba con ella de forma amorosa, pero Carmencita, que así la llamaban cariñosamente, no percibía la misma sensación, sobre todo desde que en el seno de la familia nació otro niño a quien pusieron por nombre Carlos.

La pequeña Carmen, desde ese momento, tuvo la sensación de que solamente su padre le demostraba cariño; no así su madre que únicamente tenía ojos para su niño más pequeño. Carmencita barruntaba que el amor de su madre ya no le llegaba tanto como ella hubiera deseado. Incluso a veces cuando se encontraba sola, se preguntaba por qué le asaltaban esas dudas, ya que aparentemente, su madretambién la amaba y le demostraba su amor.

En el fondo se sentía culpable de “no sabía qué”. Conforme iba creciendo en edad y estatura su confusión interna también crecía. No sabía qué le pasaba pero no se encontraba bien con su madre, de forma que durante su adolescencia cada día era un drama. Cuando su padre la dejaba hacer, confiando en ella, su madre se oponía por querer tenerla totalmente controlada. A su hermano sin embargo, tanto el padre como la madre, le dejaban hacer todo lo que quería. ¿Por qué no a ella? ¿Qué estaba ocurriendo?

Pasaron los años y el padre de familia, que no parecía haber tenido excesiva presencia familiar, murió cuando todavía era relativamente joven. Carmen lo sintió muchísimo porque siempre había sido su aliado y su apoyo en los momentos difíciles…

Tanto Carmen como su hermano intentaban vivir a su aire, pero sólo Carlos lo conseguía. Parecía que éste tuviera un permiso especial para hacer cuanto le viniera en gana. Más adelante, ya mayor atendía sus negocios y su vida y poco parecía importarle nada más. Sin embargo Carmen incluso desde joven, se sentía atada sin querer, y sólo pensaba en el momento en que pudiera liberarse de las ataduras que la mantenían amarrada a su madre, que conforme se hacía mayor, aumentaba el despiadado y rígido control de la madre sobre la hija.

Carmen se caso y, aunque tuvo dos hijos, poco duró su matrimonio porque su marido no pudo soportar ni la presión ejercida por su suegra, ni el mal humor que cada día encontraba en su mujer. Estaba claro que la vida para Carmen, era un puro karma que ella no sabía descifrar. Acudió a psicólogos y psicoterapeutas sin éxito. Carmen quería soluciones pero no las encontraba. Su madre cada vez era más tirana con ella y no veía la forma en que eso se pudiera resolver.

Carmen estaba a punto de enfermar. Tenía hipertensión arterial provocada entre otras cosas por el tipo de vida que estaba llevando, puesto que se resistía a aceptar la tiranía de su madre. Fumaba como un carretero, como se suele decir, y sus arterias comenzaban a sentir los efectos del tabaco. Con frecuencia, sin venir a cuento y sólo por llamar la atención o para evitar que Carmen saliera a dar un paseo, su madre se ponía enferma, se desmayaba o le ocurría alguna otra cosa similar, por lo cual la hija no podía por menos que llevarla al hospital. Los médicos alertaron a Carmen del juego manipulador de su madre pero, ¿qué podía hacer?. Carmen no era médico y no sabía si la situación de su madre era grave o no. A ella le parecía grave y actuaba en consecuencia, pero todo ello estaba afectando a su propia salud.

Un día hablaba con un amigo sobre lo desesperante de su situación, y también lo que sufría con la actitud de su hijo mayor hacia ella, recibió una contundente respuesta:

-Carmen, tú no puedes cambiar a tu madre, cambia tú y todo se arreglará. Lo que te ata a tu madre es un karma. Le debes algo que te está pidiendo a gritos.

Y, ¿qué me pide?

-Amor incondicional constante.

-¿Y esa mala madre me pide amor, sin habérmelo dado ella nunca?

-En algún momento de alguna vida, le hiciste daño o no la atendiste como debías; no importa la razón, y ahora en esta vida te lo pide, porque ello te lo dio entonces…

Carmen se quedó petrificada. -¿quieres decir que tengo que estar siempre a su lado dándole cariño, con todo lo que me ha hecho?

-Exactamente. De ahí depende tu salud e incluso tu vida. Además, debes saber que tu madre, aunque tenga noventa años, no se morirá hasta que no le hayas pagado lo que le debes… En el momento que aceptes a tu madre tal como es, y le des el cariño que ella te pide, ella se relajará, y posiblemente pueda irse tranquila. ¿No te das cuenta de que a tu hermano no le exige nada, y sólo te lo exige a ti? Tu madre, de forma totalmente inconsciente, está reclamando algo que en otra vida le negaste. La balanza kármica debe equilibrarse en bien de todos. Ya ves cómo también tu hijo está en débito contigo; pues si no es capaz de resolverlo ahora, deberá hacerlo en otra ocasión o en otra vida; siempre es lo mismo.

-Necesitas hacer un cambio de actitud ante tu madre, de la misma manera que tu hijo debería cambiar su actitud ante ti. En ese cambio de actitud debe estar implícita la ACEPTACIÓN TOTAL E INCONDICIONAL de tu madre con todo lo que es y ha sido para ti en esta vida, que es la que conoces. Sólo el AMOR INCONDICIONAL, equilibrará la balanza del karma para que no vuelva a repetirse. Ahí está la solución.

Ante esta nueva perspectiva, su Alma estalló de gozo. Llorando y abrazando efusivamente a su amigo le dio las gracias y fue a encontrarse con su madre…