domingo, 21 de marzo de 2010

EL KARMA

-¿Qué es el Karma? pregunta el alumno.

-Para que puedas comprenderlo te contaré una historia:

-Erase una vez un Alma que había vivido muchas vidas y se encontraba haciendo un repaso de todas ellas. Siguiendo las directrices de sus guías, fue a echar un vistazo al planeta Tierra donde quería volver con el fin de equilibrar lo que en otra ocasión había desequilibrado.

Al repasar las situaciones vividas anteriormente encontró muchos momentos en que, en su relación personal con algunos miembros de su familia, había cometido varios errores que repitió una y otra vez. Así pues, su mirada se fijó en personas de su familia que estaban viviendo en esos momentos en el planeta Tierra; vio como las circunstancias los habían unido de nuevo, aunque sus roles habían cambiado: el que fue padre ahora era madre o hijo y viceversa.

Nuestra Alma protagonista había sido hijo en varias ocasiones, y madre y padre en otras cuantas, de manera que ahora volvería como la hija mayor de una familia en que su madre actual había sido su padre anteriormente. Mientras revisaba esa vida anterior, recordó momentos en que chocaba con su padre e incluso le había tratado mal, hasta el punto de haberle abandonado, cuando su padre anciano y pobre, más la necesitaba

Llegó el momento de nacer y pensaba en su madre, que anteriormente fue el padre abandonado. Un sentimiento de Amor intenso le embargaba… decidió que ya era hora de volver a resolver sus asuntos pendientes y comenzó a estimular la producción de oxitocina en su madre… la madre estaba a punto de dar a luz a un bebé precioso… unos instantes después nacía una preciosa niña a la todos estuvieron de acuerdo en llamar Carmen.

Carmen creció mucho durante sus primeros meses de vida, sin recordar nada de aquello que había vivido poco antes de su nacimiento. En poco tiempo se convirtió en una niña vivaracha y juguetona, a veces un poco egoísta, sobre todo cuando se trataba de compartir sus juguetes con otros niños…

Durante la primera infancia de la pequeña Carmen, su madre se comportaba con ella de forma amorosa, pero Carmencita, que así la llamaban cariñosamente, no percibía la misma sensación, sobre todo desde que en el seno de la familia nació otro niño a quien pusieron por nombre Carlos.

La pequeña Carmen, desde ese momento, tuvo la sensación de que solamente su padre le demostraba cariño; no así su madre que únicamente tenía ojos para su niño más pequeño. Carmencita barruntaba que el amor de su madre ya no le llegaba tanto como ella hubiera deseado. Incluso a veces cuando se encontraba sola, se preguntaba por qué le asaltaban esas dudas, ya que aparentemente, su madretambién la amaba y le demostraba su amor.

En el fondo se sentía culpable de “no sabía qué”. Conforme iba creciendo en edad y estatura su confusión interna también crecía. No sabía qué le pasaba pero no se encontraba bien con su madre, de forma que durante su adolescencia cada día era un drama. Cuando su padre la dejaba hacer, confiando en ella, su madre se oponía por querer tenerla totalmente controlada. A su hermano sin embargo, tanto el padre como la madre, le dejaban hacer todo lo que quería. ¿Por qué no a ella? ¿Qué estaba ocurriendo?

Pasaron los años y el padre de familia, que no parecía haber tenido excesiva presencia familiar, murió cuando todavía era relativamente joven. Carmen lo sintió muchísimo porque siempre había sido su aliado y su apoyo en los momentos difíciles…

Tanto Carmen como su hermano intentaban vivir a su aire, pero sólo Carlos lo conseguía. Parecía que éste tuviera un permiso especial para hacer cuanto le viniera en gana. Más adelante, ya mayor atendía sus negocios y su vida y poco parecía importarle nada más. Sin embargo Carmen incluso desde joven, se sentía atada sin querer, y sólo pensaba en el momento en que pudiera liberarse de las ataduras que la mantenían amarrada a su madre, que conforme se hacía mayor, aumentaba el despiadado y rígido control de la madre sobre la hija.

Carmen se caso y, aunque tuvo dos hijos, poco duró su matrimonio porque su marido no pudo soportar ni la presión ejercida por su suegra, ni el mal humor que cada día encontraba en su mujer. Estaba claro que la vida para Carmen, era un puro karma que ella no sabía descifrar. Acudió a psicólogos y psicoterapeutas sin éxito. Carmen quería soluciones pero no las encontraba. Su madre cada vez era más tirana con ella y no veía la forma en que eso se pudiera resolver.

Carmen estaba a punto de enfermar. Tenía hipertensión arterial provocada entre otras cosas por el tipo de vida que estaba llevando, puesto que se resistía a aceptar la tiranía de su madre. Fumaba como un carretero, como se suele decir, y sus arterias comenzaban a sentir los efectos del tabaco. Con frecuencia, sin venir a cuento y sólo por llamar la atención o para evitar que Carmen saliera a dar un paseo, su madre se ponía enferma, se desmayaba o le ocurría alguna otra cosa similar, por lo cual la hija no podía por menos que llevarla al hospital. Los médicos alertaron a Carmen del juego manipulador de su madre pero, ¿qué podía hacer?. Carmen no era médico y no sabía si la situación de su madre era grave o no. A ella le parecía grave y actuaba en consecuencia, pero todo ello estaba afectando a su propia salud.

Un día hablaba con un amigo sobre lo desesperante de su situación, y también lo que sufría con la actitud de su hijo mayor hacia ella, recibió una contundente respuesta:

-Carmen, tú no puedes cambiar a tu madre, cambia tú y todo se arreglará. Lo que te ata a tu madre es un karma. Le debes algo que te está pidiendo a gritos.

Y, ¿qué me pide?

-Amor incondicional constante.

-¿Y esa mala madre me pide amor, sin habérmelo dado ella nunca?

-En algún momento de alguna vida, le hiciste daño o no la atendiste como debías; no importa la razón, y ahora en esta vida te lo pide, porque ello te lo dio entonces…

Carmen se quedó petrificada. -¿quieres decir que tengo que estar siempre a su lado dándole cariño, con todo lo que me ha hecho?

-Exactamente. De ahí depende tu salud e incluso tu vida. Además, debes saber que tu madre, aunque tenga noventa años, no se morirá hasta que no le hayas pagado lo que le debes… En el momento que aceptes a tu madre tal como es, y le des el cariño que ella te pide, ella se relajará, y posiblemente pueda irse tranquila. ¿No te das cuenta de que a tu hermano no le exige nada, y sólo te lo exige a ti? Tu madre, de forma totalmente inconsciente, está reclamando algo que en otra vida le negaste. La balanza kármica debe equilibrarse en bien de todos. Ya ves cómo también tu hijo está en débito contigo; pues si no es capaz de resolverlo ahora, deberá hacerlo en otra ocasión o en otra vida; siempre es lo mismo.

-Necesitas hacer un cambio de actitud ante tu madre, de la misma manera que tu hijo debería cambiar su actitud ante ti. En ese cambio de actitud debe estar implícita la ACEPTACIÓN TOTAL E INCONDICIONAL de tu madre con todo lo que es y ha sido para ti en esta vida, que es la que conoces. Sólo el AMOR INCONDICIONAL, equilibrará la balanza del karma para que no vuelva a repetirse. Ahí está la solución.

Ante esta nueva perspectiva, su Alma estalló de gozo. Llorando y abrazando efusivamente a su amigo le dio las gracias y fue a encontrarse con su madre…