miércoles, 24 de marzo de 2010

MOMENTO MÍSTICO

Hay muchas personas que tienen una conexión directa con sus guías y son capaces de canalizar mensajes a personas ya sea de forma individual o grupal. Yo no tengo esa capacidad, pero esta mañana, en plena meditación, recién acabado de activar mi Mer-ka-ba, y sintiéndome muy a gusto y muy contento conmigo mismo, me encontraba en un momento en que mi pensamiento ha sido de admiración, agradecimiento y alabanza al Padre Creador. Aún teniendo la intención de salir a dar una vuelta con la bici, por aquello de hacer un poco de ejercicio con las piernas, he cogido la grabadora y he grabado lo que sigue, con una voz que más que voz, parecía un susurro:


Cuando pienso en la inmensidad de la Creación me quedo atónito.
Cuando veo abrirse los pétalos de una flor, cuando los brotes de los árboles empiezan a crecer, preparándose para abrirse en pequeñas hojas, cuando los pajarillos salen de su huevo, cuando cantan alabanzas continuas a su Creador, me admiro, me maravillo.
Cuando miro al cielo y veo las estrellas en un movimiento continuo, cuando pienso en la expansión constante del Universo, cuando pienso en la expansión infinita de cada uno de los universos y superuniversos, cuando mi imaginación ya no llega a alcanzar todo eso, siempre me admiro de la inmensidad de la Inteligencia Divina.
Cuando pienso en los átomos y en las subpartículas, más pequeñitas, menores que los átomos, o cuando pienso en la energía o en las diferentes clases de energía, que nunca se destruye, que va variando y cambiando sus posibilidades o sus capacidades, realmente me quedo atónito, se me acaban las palabras y mi imaginación, prácticamente se bloquea.
Tal es la inmensidad de la Inteligencia Divina. Tal es la inmensidad de la Inteligencia del Creador.
Me deslumbra cualquier cosa, como a un niño para el cual todo es nuevo, todo es incomprensible, y aunque yo no comprenda absolutamente nada, de lo que ocurre a mi alrededor, sé que todo lo que ocurre es lo mejor para el bien de todos.
Aunque me parezca, bajo mi estrecha y diminuta perspectiva, que algo está mal, que algo no ocurre a gusto de las personas, cuando me sucede esto, es porque no soy capaz de comprender en su conjunto, en ese conjunto tan admirablemente grande, tan inmenso, que lo que está ocurriendo no es nada más que una pequeña mota que Dios se debe permitir, porque para ello puso en marcha unas leyes universales de funcionamiento; una ley de causalidad de causa y efecto, por la cual cualquier pequeño movimiento que uno haga tiene su repercusión más tarde o más temprano.
El día que podamos comprender estos asuntos, será cuando estemos en un grado tan alto de evolución espiritual que todo a partir de ese momento, sí que nos parecerá perfecto.
En este instante estoy convencido de que la Perfección de Dios también incluye las cosas que a nosotros no nos parecen perfectas. Desde nuestra perspectiva imperfecta no podemos ver ni comprender lo perfecto.
A nosotros nos repelen ciertas situaciones malas, ciertas situaciones de conflicto o acontecimientos que ocurren aquí, pero no podemos comprender ni por qué ni para qué ocurren; aún así yo sé que Dios en su maravillosa Creación ha tenido en cuenta todo y lo tiene en cuenta todo.
Y yo sé, en el fondo de mi corazón, que en su Amor Infinito, nunca permite que algo vaya mal, aunque también por su Amor Infinito hacia sus criaturas, a los seres humanos nos ha dado la posibilidad de elegir cuál es nuestra actitud en cada situación, y permite que hagamos cosas que después tienen unos efectos desagradables y hasta desastrosos, y nos lo permite porque nos quiere y nos ama ya que sobretodo Dios es Amor, además de ser infinitamente grande, infinitamente poderoso.
Infinito es algo que decimos, pero que no podemos llegar a comprender. No podemos comprender que algo o alguien no tenga principio en un momento determinado, aunque podemos comprender mejor, que no del todo bien, que algo no tenga final porque en nuestra mente puede imaginarse una espiral abierta, continua, que no tenga fin, pero no puede imaginarse que no tenga principio. Y como no podemos imaginar eso, tampoco podemos imaginar muchas otras cosas. Nuestra finitud, no puede imaginar la infinitud del principio.
Sin embargo Dios creó y nos creó a su imagen y semejanza; por eso somos creativos y por eso somos imaginativos; y creó unos seres maravillosos, con una maquinaria perfecta, que se pueden autodestruir o cuidar.
La autodestrucción es una ofensa directamente a Dios; sin embargo cuidarse es como alabar al Señor, al Señor maravilloso del Amor. Pero cuidarse en cuerpo y en alma de una manera proporcionada.
No se puede cuidar el cuerpo sin tener en cuenta que la Chispa Divina que es Espíritu, reside en nosotros. No se puede cuidar un edificio por fuera y que por dentro se quede vacío, que sólo se decoren las fachadas exteriores y que por dentro se deje sin arreglar. El interior es tan importante como el exterior, y cuando el interior está bien, se refleja en el exterior.
La Voluntad de Dios es que seamos felices y para ser feliz hace falta la Armonía, tanto por dentro como por fuera. La Voluntad de Dios es que todos los seres de la Creación, de este mundo y de todos los demás, todo vaya en Armonía, funcione en Armonía. A veces nos rebelamos y no nos da la gana, aceptar la Voluntad de Dios, aceptar la Armonía, y queremos romper los moldes; queremos rebelarnos y nos rebelamos, y aún así el Padre amoroso, infinitamente amoroso, Creador de todos y de todo, nos permite que nos demos cuenta del error, haciendo que cada uno de nosotros sienta cuándo realmente está cometiendo un error, o cuándo está haciendo las cosas según su Voluntad, que es una Voluntad amorosa que ha establecido unas normas de convivencia entre todos los seres de la Creación, en este planeta y en todos los planetas.
Aunque nosotros a veces nos creemos el centro de la creación y creemos que todo ha de ser según nuestro gusto, porque no comprendemos ni tenemos la visión amplia.
Nuestra pequeña visión no nos permite ser del todo perfectos. Es suficiente con que seamos buenos en el sentido de aceptar y rendirse y acatar la Voluntad del Padre, porque todo ocurre como debe ocurrir, tanto si nos parece agradable o bueno como desagradable o malo.

Todo es cuestión de perspectivas.